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Pese a haber acabado de cumplir los 50 años, Madonna demostró la noche de ayer que sigue siendo la reina del pop en el inicio de su gira mundial Sticky and Sweet en Gran Bretaña.
Presenciado en primera fila por su esposo, el director de cine británico Guy Ritchie, y sus tres hijos, la reinventada estrella estadounidense inició su concierto en el Millenium Stadium de Cardiff, el primero de los 49 que constan en la gira, con el clásico Like a Prayer y siguió con los temas Into The Groove y Hung Up.
Dividido en cuatro partes, el show de promoción de su último álbum, Hard Candy, cuenta con 16 bailarines en escena y ocho cambios de vestuarios de la cantante, uno de ellos un traje de lentejuelas de la casa francesa Givenchy.
La gira continuará en Niza, sur de Francia, el 26 de agosto, antes de recorrer el resto de Europa, Estados Unidos, Canadá, México y Brasil, donde concluirá el 18 de diciembre en Sao Paulo.
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